Oscuridad

Imprescindible la oscuridad

Tanto para observación astronómica para la práctica de la astrofotografía, hay un aspecto indispensable que requerimos imperiosamente: la oscuridad.
Por su parte, esa oscuridad que precisamos, precisa de múltiples condiciones esenciales para lograr gozar de :


Proximidad.
Ingreso asfaltado.
Transparencia del aire.
Seguridad atmosférica.
Proporción de noches útiles por año.
Sepa de contaminación luminosa.

Quien no tiene un observatorio fijo, con todas y cada una esas peculiaridades, está claro que debe proceder a procurarlo toda vez que desee entrenar la astrofotografía o la astronomía.

La fotografía nos destapa que cerca del horizonte hay contaminación luminosa.


Para esto, su preocupación primera es localizar el sitio conveniente lo más próximo viable. No le gusta a prácticamente absolutamente nadie viajar con todo el instrumental en el vehículo a lo largo de múltiples horas y tras toda la noche gozando de un óptimo firmamento, tener que regresar otras tantas horas manejando, hasta su hogar.
Es de querer de todas formas, que el ingreso a este sitio idílico, sea lo más cómodo viable, de carretera pavimentada al menos, para eludir que los frágiles instrumentos ópticos que se llevan, logren descolimarse, golpearse o sencillamente mancharse a lo largo del camino. Es un espectacular fastidio, llegar tras varios km de viaje y revisar que el reflector o el catadióptrico están descolimados y hay que ponerse a alinearlos nuevamente.
La situación geográfica del observatorio localizado, naturalmente asimismo es primordial. Una noche de observación
no va a ser exactamente la misma, en la cima de una montaña a 1.500 metros de altura, que en las inmediaciones de una enorme localidad cerca de una playa muy frecuentada.


La transparencia del aire es otro requisito esencial. De nada nos servirá lo demás, si la calidad del aire, se ve mermada por gases, humos, polvo en suspensión, humedad, etcétera., provinentes de factorías, canteras, industrias, enormes masas de agua, etcétera.
La seguridad atmosférica o «seeing», como acostumbramos a llamarlo, es asimismo algo a querer. En el momento en que observamos a través del telescopio, no tenemos la posibilidad de olvidar que nos encontramos viendo al firmamento mediante una colosal masa de aire. Esta masa está compuesta por distintos capas, según su altura, y cada cubierta con distintas temperaturas. Esto nos transporta a estimar que la seguridad atmosférica es algo muy apreciado y que raras veces se nos «obsequia», según la temporada del año que la gozemos, la situación geográfica y lo apartados de las ciudades que nos encontremos.
Nos vamos a dar cuenta en seguida de su amabilidad o no, según observemos «titilar» las estrellas.
Tenemos la posibilidad de percatarnos de su intensidad empleando la tabla de Pickering.


Otro apunte a querer, es que nuestro sitio de observación tenga además de esto, el más grande número de noches útiles por año. Si nos transportamos hasta desde unos 30 Km. tenemos la posibilidad de preveer con aproximación si dispondremos de una noche despejada o con oportunidad de nubosidad, pero si debemos llevarlo a cabo de considerablemente más distancia, el resultado va a poder ser inesperado.
Murphy se ocupará de ello, seguro.
Y llegamos a nuestra enorme oponente, la contaminación luminosa, (C. L.), de la que escapamos todos y cada uno de los fanaticos del cielo estrellado.
Esa campana de luz, que acompaña implacablemente la visión lejana de algún localidad, ese mantón amarillo anaranjado
que cubre toda el área metropolitana y exteriores, causada por el hombre, esa es la contaminación luminosa.


Por consiguiente, como poco o muy poco tenemos la posibilidad de llevar a cabo, salvo patalear por el espectacular derroche de dinero público que se hace
derrochando KW de luz hacia el cielo, intentemos mentalizar a nuestras amistades, familiares, etcétera. de ese cáncer del medioambiente, a fin de que entre todos, tengamos la posibilidad ejercer una concienciación ciudadana de la que los políticos se hagan eco y resuelvan de una vez, mudar el género de luminarias, achicar el consumo de electricidad que pagamos todos, y al fin y al cabo, devolver a todos y cada uno de los ciudadanos, la visión de nuestro cielo, que hasta la actualidad poseemos perdida.
Causa una horrible inquietud, ver las fotografías de los satélites, del hemisferio norte, y revisar con las fotografías nocturnas, el horrible gasto energético que contrasta drásticamente con el hemisferio sur.


No se habla en lo más mínimo de dejar las ciudades sin luz, pero si hablamos de alumbrar adecuadamente el suelo, no el cielo, ni las ventanas del vecino al que no se le dejar ni conciliar el sueño.
Observamos con desconcierto, como una cantidad enorme de focos y proyectores simétricos, desperdician ingentes proporciones de energía, sobre alumbrando, testeras de inmuebles, estadios, zonas deportivas, puertos, aeropuertos, monumentos, iglesias, etcétera.
Pensemos sencillamente en lo que podría ahorrarse poniendo un sombrero de medio hemisferio en las farolas popularmente llamadas «chupachups» y reduciendo su capacidad a la mitad. Iluminaría de forma exclusiva el suelo, no deslumbraría a absolutamente nadie, ni vecinos, ni automóviles, ni naturalmente, a esa sufrida fauna de pequeñas aves nocturnas, que escapan despavoridas de la contaminación luminosa. Multipliquemos ese ahorro por el número aproximado de farolas, luminarias, etcétera. que poseemos en nuestra población y nos vamos a quedar sorprendidos de los millones de euros que se despilfarran ineficazmente y que tienen la posibilidad de invertirse en proyectos sociales de verídica necesidad.


A dios gracias son ya usuales los municipios que se hacen eco de esta imperiosa necesidad, y si bien con alguna lentitud, van renovando sus luminarias ensayando ese ahorro que los astro apasionados venimos preconizando desde hace unos años.
Hasta entonces, crucemos los dedos, la contaminación luminosa va perdiendo algo de su fuerza inicial, a los apasionados a ver el cielo limpio y a fotografiar sus incontables maravillas, nos queda el recurso de utilizar los adelantos que la técnica nos da, a fin de atenuar dentro de lo posible, los estragos que la contaminación luminosa, va ejercitando en las fotografías astronómicas.
Para esto, debemos utilizar filtros comerciales que dejan pasar de forma exclusiva las bandas del hidrógeno, el oxígeno y el azufre, gases que conforman la mayor parte de las nebulosas observables.

Diagrama y datos del filtro IDAS LPS DE UTECH.

Filtros del tipo h-alfa, OIII y SII, IDAS LPS aparte de programas informáticos, hechos por y para los astro fotógrafos apasionados, nos van a ser de gran impulso en el momento de capturar los más destacados datos de nuestras galaxias, nebulosas, cúmulos estelares, etcétera. y que a la postre, tienen la posibilidad de ser realmente útiles a observatorios expertos, que carecen normalmente de tiempo para capturar esos datos.